SHARENG Divulgación

Inicio » Análisis » ¿Fallan las encuestas electorales?

¿Fallan las encuestas electorales?

14665983216010Las recientes elecciones del día 26 vuelven a mostrar una discrepancia entre las encuestas electorales y los resultados finales. Tal ha sido la diferencia que, una vez más, se vuelve a dudar de la eficacia de las mismas como barómetro sociológico. Aprovechando las últimas entradas referentes a la Estadística, en ésta vamos a aclarar algunos términos que muestren la diferencia entre las encuestas y el muestreo final que corresponde a datos corroborados, como son las propias elecciones. Conocer estas diferencias es lo que ayudará a dar las encuestas el justo valor que se merece, sin convertirlas en algo que se tiene que cumplir necesariamente.

Como en otras ocasiones, las encuestas y los sondeos han mostrado una diferencia abismal entre las tendencias recogidas y los datos finales. Y una vez más, se vuelve a cuestionar al mensajero, porque se ha equivocado. Sin embargo, no hay tanto error, puesto que la metodología de la encuesta es correcta, sino más bien deseos de que esos resultados se reproduzcan de este modo.

Una encuesta es un estudio sociológico. Con ella se pretende tomar el pulso a una sociedad muy diversa y a la que le afectan muchas variables, muchas veces incontroladas. Se trata, pues, de indagar cómo respira un sistema caótico como es una sociedad en determinadas circunstancias y en presencia de determinados estímulos externos, a partir de la elaboración de una serie de preguntas concretas, cuya finalidad es intentar conocer lo que los humanos guardamos en mente sobre algo determinado. Sus resultados no están, por tanto, basados en datos objetivos fruto de una medición empírica, como lo es un resultado electoral, sino que son la tendencia que se puede obtener en un determinado momento de una situación a base de conocer esas respuestas. Si la metodología aplicada en la elaboración de las preguntas es correcta, los resultados también son, en ese momento correctos. Otra cosa es que se consideren esos resultados como definitivos, ya que definitivo sólo es el resultado de la medición objetiva. Una variación en las condiciones de contorno o en los estímulos externos puede variar una opinión determinada en un momento determinado.

¿Dónde vas este año de vacaciones?

Una pregunta que nos suelen hacer muy a menudo: ¿dónde vas a ir de vacaciones este año? La respuesta variará claramente en función de cuándo te hagan la pregunta. No es lo mismo que la hagan en marzo, a 5 meses de coger las vacaciones, que en junio. Depende de otras variables claras, como la situación económica, las ofertas de las agencias de viajes, si vas a ir sólo con tu familia o vas a compartir las vacaciones con otra familia amiga… Nuestra respuesta está supeditada al estímulo externo y no a un patrón determinado que marque qué es lo que voy a hacer en dos o tres meses, porque es posible que ni lo haya planificado ni lo vaya a planificar.

No obstante, en una campaña electoral, en la precampaña y sobre todo, si ha habido 6 meses de intentos infructuosos de formar un gobierno, los estímulos han sido continuos y a veces pueden provocar reacciones contrarias y efectos contraproducentes. Y el manejo de los sondeos debe de hacerse con prudencia espartana, puesto que pueden producirse descalabros como el del 26-J. Sin embargo, ha habido mucha proliferación de sondeos, casi uno cada día, cuya finalidad también puede haber sido marcar un paso o un objetivo, y ese uso indiscriminado se ha dado de bruces con el frío, duro y descarnado resultado de la medición objetiva. Aquí no cabe preguntarse si las encuestas están mal hechas, sino si ha habido intención de utilizar esa información de forma interesada y sesgada para forzar el resultado que le gustaría al que la maneja. Porque en realidad, eso es lo que ha ocurrido: se ha querido transformar anhelos en realidades.

La imposibilidad de predecir con exactitud los sucesos en un sistema caótico

Como la previsión atmosférica, la sociedad es un sistema caótico difícilmente predecible. Cuando se predice el tiempo, se acuden a modelos en los que se introducen las variables y se estudian tendencias. Se estudian también las evoluciones de días anteriores, se hacen análisis estadísticos aleatorios basados en Monte Carlo como el que he mostrado en las entradas técnicas, y con todos esos datos, se lanza una previsión. Pero, ojo, se trata de una previsión, que no una confirmación. Esa previsión se hace con un margen de probabilidad que dependerá también de las variables que afecten al sistema en ese momento y en su falta de aislamiento frente a otros estímulos. Así, que no llueva en Santander por el viento sur no es debido a que el viento sur sea una característica típica de Santander (lo que llamamos clima local), sino que detrás de la cordillera, con un clima local diferente, cambie una variable que por efecto de acción y reacción provoque precisamente la aparición del viento sur. La previsión es correcta siempre que se tenga en cuenta la probabilidad de que ocurra, dato objetivo basado en la fiabilidad del modelo que en muchas ocasiones ni se contempla ni se tiene en cuenta. Y tomamos la decisión de ir de vacaciones a Santander basándonos en esa previsión, sin analizar las probabilidades de que nuestras vacaciones terminen pasadas por agua porque los meteorólogos han dicho que va a hacer buen tiempo.

Pues no, los meteorólogos han previsto una situación atmosférica en función de los datos registrados. Eres tú el que quiere que haga buen tiempo, porque te interesa. Es el famoso sesgo de confirmación. Y claro, si tus vacaciones se van al traste, no hay nada mejor que echar la culpa al hombre del tiempo, como si éste no te hubiese dado todos los datos, probabilidad incluida, de qué es lo que podría ocurrir. Al que no le ha interesado el resto de los datos es a ti. El principal interesado en coger la parte bonita de la previsión porque entra en sus planes de vacaciones eres tú. El meteorólogo sólo ha hecho el trabajo de darte los datos, pero la decisión la tomas tú. Por eso, echar la culpa de una decisión malograda a la persona que te proporciona los datos, cuando no los has usado todos, sólo sirve de consuelo. Pero el hecho claro, el dato objetivo principal es que la decisión de ir a un sitio donde parecía que no iba a llover la has tomado tú.

¿Qué fiabilidad tienen las encuestas?

Como hemos visto en las entradas anteriores, la fiabilidad estadística en un sistema no determinista como el social depende, sobre todo, abaco blogdel tamaño de la muestra. A mayor muestra, mayor convergencia. Tanto en las mediciones objetivas como en los estudios sociológicos humanos. Hace unos años publiqué una entrada sobre los sistemas caóticos, recordando el experimento del triángulo claveteado y la canica. Este fue uno de los primeros experimentos que tuve que hacer en la asignatura de Física General, en mi época de estudiante, y debería ser obligatorio para todos los alumnos, como en Termodinámica y Mecánica Estadística fue obligatorio el de la Teoría Cinética de los Gases.

El experimento es muy sencillo: se trata de arrojar un número de canicas en un triángulo de madera que contiene filas de clavos colocadas como se describe en la figura. Al bajar la canica y pasar entre dos clavos, se encuentra con el siguiente, y el choque y el efecto de bajada hará que tome una dirección u otra. El resultado final, después de tirarte tres días tirando canicas y contando posiciones (unas 5.000 canicas), tiende a ser una distribución gaussiana. ¡Ojo! he dicho tiende, porque si se dibuja la gráfica de la función y se compara con la gráfica real obtenida, se verá que los resultados obtenidos y la curva gaussiana tienen ligeras divergencias. Nos proporciona la información de cómo puede caer una canica, pero hasta que no la tires (decisión), no puedes saber con exactitud dónde caerá.

El censo electoral de 2016 tiene inscritos a 36 millones y medio de electores. Con este tamaño objetivo de muestra, hacer fiable una encuesta de 2.000 posibles electores es bastante difícil, teniendo en cuenta la distribución de población española. No proporcionará los mismos resultados una pregunta hecha en Castilla-León o La Rioja que en Andalucía, Cataluña o Madrid. Esto es un hecho que se tiene que dar por descontado: la fiabilidad de una encuesta depende también de que la muestra, que ya es un 0,055‰ de la muestra real, sea además una representación lo más fiel posible de la realidad social de la población española. Representación bastante difícil de lograr, puesto que la diversidad de la sociedad española depende de su situación geográfica, del nivel económico de la zona, de las necesidades que se tienen, etc. Son muchas variables no controlables a tener en cuenta para lograr una fiabilidad al 100%. Por tanto, a la encuesta hay que darle un grado de confianza similar al que habría que darle a la previsión meteorológica: que es una previsión, una tendencia, pero que para nada es un dato objetivo final y que puede estar sometido a vaivenes incontrolables debido a los estímulos que afecten a la sociedad, y que no es responsabilidad de los encuestadores la existencia de esos estímulos.

Como experto en simulación que soy, tengo muy claro que no me fío de los resultados de una simulación hasta que no tengo completamente probado todo. La simulación me permite conocer de antemano tendencias y tomar una decisión, pero para nada es un resultado absoluto, ya que depende de variables que, si no las tengo definidas y las meto en el sistema, pueden proporcionarme resultados físicos contradictorios. Por eso, la simulación y la medida son experiencias interactivas, como lo deben ser las encuestas.

Este aluvión de encuestas y sondeos, con la inclusión del ya famoso mercado de la fruta andorrano, ha hecho que la campaña se haya dirigido más a tratar de cumplir los vaticinios que a estudiar los vaivenes sociales. Se ha tratado más de lograr aproximar los optimistas datos de las encuestas al resultado objetivo de la medición, que son las elecciones generales, sin tener en cuenta que esos datos sólo eran previsiones puntuales. Y esto ha provocado en muchas personas una sensación brutal de frustración. Una frustración similar a la que sufrió el veraneante que fue a Santander pensando en la bonita previsión del tiempo y tuvo que comprarse un paraguas porque en la vecina provincia de Burgos cambió la presión atmosférica debida a un cambio brusco de temperatura.

No obstante, tiene que seguir habiendo encuestas. No se puede pretender conocer la realidad de una sociedad sin preguntar y esto se tiene que seguir haciendo. Pero siempre sin perder el norte: no es un dato objetivo fruto de una medición definitiva, sino la trayectoria de la canica o el hecho de que en Burgos haya caído la temperatura. Y eso tiene que ser correctamente utilizado por quienes necesitan pulsar a la sociedad.1466915869_295178_1466977429_noticia_normal

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: