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La obsolescencia programada

… o el porqué una bombilla se funde antes de tiempo.

Vivimos una época marcada por el consumismo cotidiano, llegando a asumir como normal el hecho sistemático de tener que cambiar de bienes de consumo en un corto periodo de tiempo, sin que esos bienes de consumo terminen amortizados convenientemente. La industria, al adoptar en el siglo pasado una producción masiva, ha llegado a considerar que sólo puede sostenerse cuando los productos son comprados una y otra vez en breves periodos de tiempo.

La obsolescencia es algo natural a cualquier manufactura humana. Los productos creados por el hombre, con el tiempo, se amortizan y se convierten en obsoletos. Eso hace que a la larga cualquier objeto adquirido previamente por un consumidor llegue a tener una vida útil determinada, por lo que después de esa vida útil, el manufacturado cae en obsolescencia y se busca su sustituto.

Sin embargo, cuando en el año 29 se produce el crack de la Bolsa de Nueva York, comienzan a oírse voces que piden que se aumente radicalmente el consumo. Ahora bien, si la manufactura humana tiene un tiempo de duración largo, ¿cómo se puede fomentar que esa manufactura se consuma de forma masiva si las personas tendemos a amortizar nuestra compra consumiendo toda la vida útil del producto? La respuesta radica en la obsolescencia programada.

Este método de fomento de consumo, basado en programar la vida útil del producto para obligar a su sustitución por el mismo u otro más moderno, tiene su base en los productos perecederos, que son aquellos que nos vemos obligados a consumir en un periodo corto de tiempo so pena de perder el producto. Así, un agricultor o un ganadero siempre va a tener demanda de producto puesto que necesitamos comer todos los días. Incluso aún así, las personas hemos buscado la conservación de nuestros perecederos durante más tiempo desde la prehistoria, aunque queda claro que su ciclo vital, en el que el perecedero pierde sus propiedades y se obsoleta, es mucho más corto que la manufactura no perecedera.

¿Qué es lo que pasa con la manufactura no perecedera? Cuando adquirimos la manufactura más necesaria en nuestras vidas (vivienda, mobiliario, electrodomésticos, vehículos, etc.), lo hacemos con la idea de que perdure durante un periodo relativamente largo. Sin embargo, la tendencia consumista actual es que el periodo de vida sea acortado en aras de que se busque la sustitución del producto. Esto está sucediendo con los electrodomésticos y con todos los artículos de consumo que estén dotados un cierto control: se programa su obsolescencia para que sean sustituidos incluso antes de haber sido amortizados.

¡Vamos a comprar una lavadora!

Supongamos que queremos comprar una lavadora, y las tenemos de distintos precios: una de 600rpm suele costar unos 300€ (lavadora A) mientras que una de 1.200rpm suele costar unos 500€ (lavadora B). Curiosamente, a medida que aumentamos las revoluciones, la durabilidad de los componentes de la lavadora es menor, debido a factores como el desgaste por rozamiento y a los materiales utilizados en su construcción.

El comercio suele indicar que la vida útil típica de una lavadora viene a ser en torno a 10 años. Por tanto, considerando la amortización como que al cabo de la vida útil el precio de la lavadora cae al 10% del valor de compra, ambas lavadoras se decrementan anualmente un 4,25%. Ahora bien, factores como el desgaste son superiores en la lavadora de 1.200rpm que en las de 600rpm (un poco menos que el doble), por lo que si una lavadora A tiene en su vida útil la capacidad de 2.000 lavados, la B tendrá en torno a 1.200 lavados.

Si tenemos en cuenta que una familia media (4 personas) suele hacer 3 lavados semanales, el número de lavados anual es de unos 160 lavados. La lavadora A tendrá una vida media efectiva de 13 años mientras que la B en torno a 8 años. Ambos valores se encuentran dentro del entorno de los 10 años.

Supongamos ahora que la lavadora A sufre una avería a los 6 años. Su valor residual en el año 6 es de unos 125€, y habrá hecho unos 960 lavados, mientras que si la B se avería al cabo del mismo tiempo, habrá hecho los mismos lavados pero su valor residual es superior, en torno a 210€.

Al cabo de esos 6 años, llamamos al servicio técnico de ambas lavadoras y nos dicen “por el precio que tenía no merece reparar la lavadora, y es mejor que compre una nueva”. Nuestro problema fundamental se basa en tres premisas:

1. Generalmente no nos dicen el precio de reparación, o si nos lo dicen, lo engordan por encima del valor de la lavadora, ya sea A ó B, de tal modo que se busca no reparar, sino la venta un nuevo artículo que tienen en almacén, y que es dinero retenido y espacio ocupado.

2. No conocemos los precios de los componentes involucrados en la reparación, y mucho menos el número de horas que conlleva la reparación, que son los parámetros que influyen sobre el precio de la reparación, y que nos permitiría calcular la nueva amortización.

3. Desconocemos la vida útil que tendrá la lavadora una vez arreglada, puesto que la garantía de la reparación no deja de ser en torno a un año, por lo que podría volver a fallar en 3 años.

Mi lavadora A se ha estropeado…

… y decido llevarla al servicio técnico. Un señor muy amable, que además tiene en la tienda más lavadoras nuevas por un muy competitivo precio de 300€, me dice que es mejor que me compre una nueva, ya que la reparación de la antigua cuesta 250€. Me dice: “Comprenda Vd.: Hay que cambiar el motor y lleva unas 3 horas repararlo… Es mejor que se compre esta lavadora nueva que cuesta 300€ y tendrá un equipo nuevo”. Equipo nuevo que durará otros 6 años, aunque eso no lo dicen, claro está.

Si mi lavadora, después de 6 años, le queda por amortizar 125€ y la reparación me cuesta 250€, aplicando el criterio de amortización anual es como si la hubiese comprado por 700€ (¿por qué no me compré la de 500€?) y eso es lo que echa atrás al usuario para reparar: “Prefiero comprar una lavadora nueva y tengo un equipo (igual al anterior y cuya probabilidad de averiarse sea similar) otros 10 años”. Lo cual es mentira porque el equipo anterior duró 6 años y es más que posible que el nuevo dure incluso menos.

Vamos a aceptar barco como animal acuático y nos compramos otra lavadora. Al final, si sumamos lo que nos queda de amortizar de la antigua al precio de la nueva, nuestra flamante lavadora A nueva cuesta 425€ (no hemos sacado provecho de la anterior), por lo que para que se amortice igual que la primera compra deben de pasar 11 años. ¡Pero se nos vuelve a estropear en 6! Al final, el precio de compra, contando la amortización en el año 12, traducido al año 1 es como si hubiese costado ¡5.000€!, mientras que el fabricante nos aseguraba una duración de 10 años por 300€.

Obviamente, es preferible la compra de un producto nuevo cuando la avería se produce superando la mitad de la vida media de una lavadora, pero está claro que cuando compras un producto de bajo coste y el fabricante te asegura que va a tener una duración muy larga, la obsolescencia programada va a poner las cosas en su sitio.

¿Qué hace la obsolescencia programada?

Pues programar que la avería de la lavadora se produzca poco después del tiempo garantizado por el fabricante. Si la lavadora tiene una garantía legal de 2 años en producto nuevo y como mucho damos una garantía de 5 años (como marca algún fabricante en sus electrodomésticos), al quinto año el electrodoméstico podrá fallar, y al estar fuera de garantía y por encima de mitad de la vida media, no merece la pena reparar, y así fuerza a comprar otro nuevo.

Sin embargo, con los productos electrónicos modernos la obsolescencia programada se está pegando verdaderos pasotes.

Me voy a comprar un IPod…

… de esos que fabrica para Apple Foxconn. Precio de compra en tienda, alrededor de 150€. Al año, la batería reventada. Llamo al servicio técnico y una chica con voz de ángel me dice que “es mejor que se compre otro IPod”. Teniendo en cuenta que un IPod tiene una amortización similar, al cabo del año mi trasto inservible sólo se ha depreciado 10€ y estoy tirando a la basura 140€ por el morro y voy a pagar por otro trasto nuevo 150€. Total, si quiero tener un IPod durante 10 años, a IPod por año habré pagado 1.500€ mientras que habré tirado a la basura 1.400€. ¿Y cuanto cuesta una batería de IPod? Se puede encontrar en internet por un precio de 6-8€. Más o menos, cambiarla lleva un tiempo de 1 h a 1 ½ h. Una reparación estándar, contando portes, podría oscilar en torno a 60€.

No digamos nada de lo que significa la cantidad de material que se acumula y no se puede recuperar. Si bien es cierto que nuestra industria de bienes de consumo ha generado otra, la del reciclaje, destinada a recoger y reprocesar el residuo, no todos los bienes de consumo son totalmente reciclables. Son recogidos, eso sí, pero de los bienes hay algunos que no se pueden aprovechar y son contaminantes, terminando en cementerios africanos construidos a costa de ayudas al desarrollo.

Pasa un poco como con los antiguos desguaces de automóviles: era un cementerio de coches, donde podías encontrar alguna pieza. Pero ni los coches ni los bienes de consumo son como el cerdo, del que se aprovecha todo. Parte de los materiales se quedan sin aprovechar, contaminando el planeta.

Obsolescencia natural frente a obsolescencia programada

A pesar de que los defensores del consumo actual también entienden la obsolescencia programada como el medio para mantener el crecimiento, lo cierto es que en estos últimos años hemos incrementado tanto el consumo de artículos que la industria ha tenido que acudir a fabricantes hipermasivos como China o La India, logrando que haya más artículos expuestos en el mercado que incluso posibles compradores. Si esto lo combinamos con las grandes superficies especializadas (Media Markt, Toys’R’Us, Leroy Merlín, etc.) hemos pasado de una época en la que había escasez o sólo se cubrían las necesidades básicas, a una época en la que se pueden cubrir todos nuestros deseos y hasta sobra material. Y eso puede conllevar a un consumo desaforado de cosas que no necesitamos.

Si le añadimos el agravante de que los recursos que necesitamos para poder poner esos artículos en el mercado son limitados, nuestros problemas se incrementan, ya que llegará un momento en el que volvamos a una época de total escasez porque habremos acabado incluso con los artículos de primera necesidad.

Y es posible que esta época haya dado comienzo ya.

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