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Monthly Archives: junio 2012

La obsolescencia programada

… o el porqué una bombilla se funde antes de tiempo.

Vivimos una época marcada por el consumismo cotidiano, llegando a asumir como normal el hecho sistemático de tener que cambiar de bienes de consumo en un corto periodo de tiempo, sin que esos bienes de consumo terminen amortizados convenientemente. La industria, al adoptar en el siglo pasado una producción masiva, ha llegado a considerar que sólo puede sostenerse cuando los productos son comprados una y otra vez en breves periodos de tiempo.

La obsolescencia es algo natural a cualquier manufactura humana. Los productos creados por el hombre, con el tiempo, se amortizan y se convierten en obsoletos. Eso hace que a la larga cualquier objeto adquirido previamente por un consumidor llegue a tener una vida útil determinada, por lo que después de esa vida útil, el manufacturado cae en obsolescencia y se busca su sustituto.

Sin embargo, cuando en el año 29 se produce el crack de la Bolsa de Nueva York, comienzan a oírse voces que piden que se aumente radicalmente el consumo. Ahora bien, si la manufactura humana tiene un tiempo de duración largo, ¿cómo se puede fomentar que esa manufactura se consuma de forma masiva si las personas tendemos a amortizar nuestra compra consumiendo toda la vida útil del producto? La respuesta radica en la obsolescencia programada.

Este método de fomento de consumo, basado en programar la vida útil del producto para obligar a su sustitución por el mismo u otro más moderno, tiene su base en los productos perecederos, que son aquellos que nos vemos obligados a consumir en un periodo corto de tiempo so pena de perder el producto. Así, un agricultor o un ganadero siempre va a tener demanda de producto puesto que necesitamos comer todos los días. Incluso aún así, las personas hemos buscado la conservación de nuestros perecederos durante más tiempo desde la prehistoria, aunque queda claro que su ciclo vital, en el que el perecedero pierde sus propiedades y se obsoleta, es mucho más corto que la manufactura no perecedera.

¿Qué es lo que pasa con la manufactura no perecedera? Cuando adquirimos la manufactura más necesaria en nuestras vidas (vivienda, mobiliario, electrodomésticos, vehículos, etc.), lo hacemos con la idea de que perdure durante un periodo relativamente largo. Sin embargo, la tendencia consumista actual es que el periodo de vida sea acortado en aras de que se busque la sustitución del producto. Esto está sucediendo con los electrodomésticos y con todos los artículos de consumo que estén dotados un cierto control: se programa su obsolescencia para que sean sustituidos incluso antes de haber sido amortizados.

¡Vamos a comprar una lavadora!

Supongamos que queremos comprar una lavadora, y las tenemos de distintos precios: una de 600rpm suele costar unos 300€ (lavadora A) mientras que una de 1.200rpm suele costar unos 500€ (lavadora B). Curiosamente, a medida que aumentamos las revoluciones, la durabilidad de los componentes de la lavadora es menor, debido a factores como el desgaste por rozamiento y a los materiales utilizados en su construcción.

El comercio suele indicar que la vida útil típica de una lavadora viene a ser en torno a 10 años. Por tanto, considerando la amortización como que al cabo de la vida útil el precio de la lavadora cae al 10% del valor de compra, ambas lavadoras se decrementan anualmente un 4,25%. Ahora bien, factores como el desgaste son superiores en la lavadora de 1.200rpm que en las de 600rpm (un poco menos que el doble), por lo que si una lavadora A tiene en su vida útil la capacidad de 2.000 lavados, la B tendrá en torno a 1.200 lavados.

Si tenemos en cuenta que una familia media (4 personas) suele hacer 3 lavados semanales, el número de lavados anual es de unos 160 lavados. La lavadora A tendrá una vida media efectiva de 13 años mientras que la B en torno a 8 años. Ambos valores se encuentran dentro del entorno de los 10 años.

Supongamos ahora que la lavadora A sufre una avería a los 6 años. Su valor residual en el año 6 es de unos 125€, y habrá hecho unos 960 lavados, mientras que si la B se avería al cabo del mismo tiempo, habrá hecho los mismos lavados pero su valor residual es superior, en torno a 210€.

Al cabo de esos 6 años, llamamos al servicio técnico de ambas lavadoras y nos dicen “por el precio que tenía no merece reparar la lavadora, y es mejor que compre una nueva”. Nuestro problema fundamental se basa en tres premisas:

1. Generalmente no nos dicen el precio de reparación, o si nos lo dicen, lo engordan por encima del valor de la lavadora, ya sea A ó B, de tal modo que se busca no reparar, sino la venta un nuevo artículo que tienen en almacén, y que es dinero retenido y espacio ocupado.

2. No conocemos los precios de los componentes involucrados en la reparación, y mucho menos el número de horas que conlleva la reparación, que son los parámetros que influyen sobre el precio de la reparación, y que nos permitiría calcular la nueva amortización.

3. Desconocemos la vida útil que tendrá la lavadora una vez arreglada, puesto que la garantía de la reparación no deja de ser en torno a un año, por lo que podría volver a fallar en 3 años.

Mi lavadora A se ha estropeado…

… y decido llevarla al servicio técnico. Un señor muy amable, que además tiene en la tienda más lavadoras nuevas por un muy competitivo precio de 300€, me dice que es mejor que me compre una nueva, ya que la reparación de la antigua cuesta 250€. Me dice: “Comprenda Vd.: Hay que cambiar el motor y lleva unas 3 horas repararlo… Es mejor que se compre esta lavadora nueva que cuesta 300€ y tendrá un equipo nuevo”. Equipo nuevo que durará otros 6 años, aunque eso no lo dicen, claro está.

Si mi lavadora, después de 6 años, le queda por amortizar 125€ y la reparación me cuesta 250€, aplicando el criterio de amortización anual es como si la hubiese comprado por 700€ (¿por qué no me compré la de 500€?) y eso es lo que echa atrás al usuario para reparar: “Prefiero comprar una lavadora nueva y tengo un equipo (igual al anterior y cuya probabilidad de averiarse sea similar) otros 10 años”. Lo cual es mentira porque el equipo anterior duró 6 años y es más que posible que el nuevo dure incluso menos.

Vamos a aceptar barco como animal acuático y nos compramos otra lavadora. Al final, si sumamos lo que nos queda de amortizar de la antigua al precio de la nueva, nuestra flamante lavadora A nueva cuesta 425€ (no hemos sacado provecho de la anterior), por lo que para que se amortice igual que la primera compra deben de pasar 11 años. ¡Pero se nos vuelve a estropear en 6! Al final, el precio de compra, contando la amortización en el año 12, traducido al año 1 es como si hubiese costado ¡5.000€!, mientras que el fabricante nos aseguraba una duración de 10 años por 300€.

Obviamente, es preferible la compra de un producto nuevo cuando la avería se produce superando la mitad de la vida media de una lavadora, pero está claro que cuando compras un producto de bajo coste y el fabricante te asegura que va a tener una duración muy larga, la obsolescencia programada va a poner las cosas en su sitio.

¿Qué hace la obsolescencia programada?

Pues programar que la avería de la lavadora se produzca poco después del tiempo garantizado por el fabricante. Si la lavadora tiene una garantía legal de 2 años en producto nuevo y como mucho damos una garantía de 5 años (como marca algún fabricante en sus electrodomésticos), al quinto año el electrodoméstico podrá fallar, y al estar fuera de garantía y por encima de mitad de la vida media, no merece la pena reparar, y así fuerza a comprar otro nuevo.

Sin embargo, con los productos electrónicos modernos la obsolescencia programada se está pegando verdaderos pasotes.

Me voy a comprar un IPod…

… de esos que fabrica para Apple Foxconn. Precio de compra en tienda, alrededor de 150€. Al año, la batería reventada. Llamo al servicio técnico y una chica con voz de ángel me dice que “es mejor que se compre otro IPod”. Teniendo en cuenta que un IPod tiene una amortización similar, al cabo del año mi trasto inservible sólo se ha depreciado 10€ y estoy tirando a la basura 140€ por el morro y voy a pagar por otro trasto nuevo 150€. Total, si quiero tener un IPod durante 10 años, a IPod por año habré pagado 1.500€ mientras que habré tirado a la basura 1.400€. ¿Y cuanto cuesta una batería de IPod? Se puede encontrar en internet por un precio de 6-8€. Más o menos, cambiarla lleva un tiempo de 1 h a 1 ½ h. Una reparación estándar, contando portes, podría oscilar en torno a 60€.

No digamos nada de lo que significa la cantidad de material que se acumula y no se puede recuperar. Si bien es cierto que nuestra industria de bienes de consumo ha generado otra, la del reciclaje, destinada a recoger y reprocesar el residuo, no todos los bienes de consumo son totalmente reciclables. Son recogidos, eso sí, pero de los bienes hay algunos que no se pueden aprovechar y son contaminantes, terminando en cementerios africanos construidos a costa de ayudas al desarrollo.

Pasa un poco como con los antiguos desguaces de automóviles: era un cementerio de coches, donde podías encontrar alguna pieza. Pero ni los coches ni los bienes de consumo son como el cerdo, del que se aprovecha todo. Parte de los materiales se quedan sin aprovechar, contaminando el planeta.

Obsolescencia natural frente a obsolescencia programada

A pesar de que los defensores del consumo actual también entienden la obsolescencia programada como el medio para mantener el crecimiento, lo cierto es que en estos últimos años hemos incrementado tanto el consumo de artículos que la industria ha tenido que acudir a fabricantes hipermasivos como China o La India, logrando que haya más artículos expuestos en el mercado que incluso posibles compradores. Si esto lo combinamos con las grandes superficies especializadas (Media Markt, Toys’R’Us, Leroy Merlín, etc.) hemos pasado de una época en la que había escasez o sólo se cubrían las necesidades básicas, a una época en la que se pueden cubrir todos nuestros deseos y hasta sobra material. Y eso puede conllevar a un consumo desaforado de cosas que no necesitamos.

Si le añadimos el agravante de que los recursos que necesitamos para poder poner esos artículos en el mercado son limitados, nuestros problemas se incrementan, ya que llegará un momento en el que volvamos a una época de total escasez porque habremos acabado incluso con los artículos de primera necesidad.

Y es posible que esta época haya dado comienzo ya.

La nueva antenización TDT

… y las leyes “milagro”

Parece que el gobierno español tiene pensado realizar, a dos años del apagón analógico de 2010, una nueva reubicación espectral del recién inaugurado espectro de la Televisión Digital Terrestre. Una reubicación que, en la mayoría de los casos, puede suponer a las comunidades de vecinos una factura obligatoria de entre 400 y 500€, y que podría llegar a los 2.000€ en algunos sitios. ¿Es un nuevo canon? ¿Qué conseguimos con ello?

En el año 1999 se puso en marcha el primer proyecto de Televisión Digital Terrestre, a través de la plataforma QuieroTV. A dicha plataforma le asignaron los canales 66 a 69 para la emisión de sus contenidos, pero su éxito fue escaso debido a la existencia de canales de emisión libre y las pocas ganas de la población por abonar por canales que puede recibir de forma gratuita. Si a eso le añadimos que incluyeron programas con restricción horaria, el éxito de los canales de pago terrestre es claramente un fracaso. Identificar antena yagi con pago no es una política correcta, y Quiero TV lo pagó con una decadencia que dejó libre e inutilizado el tramo final del espectro, y varios equipos funcionales cogiendo polvo en los tejados.

En el año 2007 se planifica el apagón analógico, con el trasvase a digital, del espectro de emisiones libres analógico a una nueva tecnología que requiere, en algunos casos, una reantenización (con facturas del orden de 1.000€ para las comunidades) y la adquisición de dispositivos para adaptar los receptores de TV analógicos a tecnología digital. Para ello se aprovechan los canales vacíos de la antigua plataforma QuieroTV, con el fin de que se usen los 4 multiplex para albergar las programaciones privadas, en formato de frecuencia única (los mismos canales para todo el territorio español), mientras que RTVE podía optar a un multiplex asignado en cada territorio para su difusión. El plan digital consistía en:

1) Migrar todos los contenidos que se emitían en analógico a los nuevos multiplex digitales.

2) Fomentar la introducción de programación de calidad, temática e impulsora de la TDT, a través de programas temáticos.

3) Asignación de nuevos multiplex para la reordenación del espectro y reubicación de los canales altos para comunicaciones inalámbricas móviles.

El plan se ha seguido hasta…

… la migración de los contenidos analógicos a los multiplex existentes. Debido a la existencia de QuieroTV, la mayoría de los reemisores nacionales cubrían el espectro de los canales 66 a 69, por lo que el añadido simplemente era colocar el multiplex de RTVE, que era variable en función del lugar donde se ubicase.

No obstante, la segunda parte del plan, que competía a los centros emisores, no se ha realizado ni tiene visos de realizarse. En todo caso, se ha rellenado los huecos con canales que los centros emisores ya ofrecían en sistemas de Televisión por Cable y ni siquiera han planteado una mejora de los servicios que estos emisores, como usuarios del TDT, debían proporcionar.

Ahora, el gobierno de España vuelve a plantear una reantenización. En plena crisis y, encima, sin dotaciones ni ayudas a la antenización. Mucho me temo que esta nueva reantenización, a la vista del incumplimiento de los centros emisores de su parte del plan termine con el hartazgo de la gente, que acudirá a cualquier centro comercial a comprar su antena individual para ver los cuatro canales que en realidad ve, puesto que volver a poner dinero para reantenizar la azotea teniendo en cuenta que la oferta es la que es, no es de recibo.

La mayor parte de los equipos…

… sino todos, están sin amortizar. Las comunidades pusieron los equipos con el fin de poder adaptarse a un apagón que se les acercaba. Aceptaron facturas leoninas en aquella época puesto que no querían quedarse sin televisión, y aunque en algunos casos fueron subvencionadas, la Televisión Digital Terrestre todavía tiene problemas de emisión en algunos lugares donde la sombra deja lugar al silencio más oscuro.

Puede que una reantenización lance a un sector gravemente dañado por la caída del sector de la construcción y alivie los años de penuria que ha pasado. Pero vuelve a ser pan para hoy y hambre para mañana, a no ser que el gobierno tenga planteado cambiar el espectro cada dos años y así, el sector de la antena tenga un mercado asegurado a costa de una “ley-milagro”, esa ley que permite actuar sobre el mercado una y otra vez para resucitar tecnologías que ya están más que cubiertas en lugar de preocuparse en vislumbrar otras nuevas. Porque un gobierno que ha renunciado a la I+D+i en detrimento de mantener un estado de cosas obsoleto es un gobierno en busca de la “ley-milagro”: la que nos proporciona pan para hoy y hambre para mañana.

Supervivencia de una sociedad postindustrial…

… o la vuelta irremediable a la Edad de Piedra

Nuestra sociedad actual se encuentra en una encrucijada: nos hemos vuelto masivos consumidores pero no producimos lo que consumimos. Está en manos de otras sociedades y países que también necesitan de prosperidad para salir adelante. Y esta situación está provocando un cataclismo político y económico cuyas consecuencias se están experimentando en esta primera parte de siglo.

La vieja Europa es un continente esquilmado. Hemos agotado todos los recursos que teníamos. Y los que nos quedan, los estamos acabando. Y ya no podemos acudir al colonialismo para dotarnos de aquellos recursos que no teníamos a bajo coste.

Nuestra actual sociedad ha pasado de un modelo que producía, que fabricaba bienes, a un modelo que consume. Sin más, sólo compramos artículos que están fabricados en unas condiciones que para nosotros serían degradantes, pero que al estar envueltos en oropel y celofán y con buena presentación, nos tranquilizan la conciencia. El resultado es que no producimos, ya que otros producen por nosotros.

Nuestra sociedad, que se ha basado el la prosperidad de un modelo que generaba los bienes, debe pasar a un modelo en que sea propietaria de esos bienes. Propiedad, ante todo, de caracter intelectual.

La I+D como motor productivo de la sociedad postindustrial

Siendo una sociedad postindustrial, debemos invertir en conocimiento. Si se conoce el medio, se puede dominar. Y si se domina el medio, se puede competir. Pero si dejamos que sean otros los que realicen los avances, nunca nos desprenderemos de la dependencia de otras sociedades.

¿Es válida cualquier investigación?

Toda investigación que proporcione conocimiento a la sociedad es válida. Es la inteligencia de la sociedad, porque dota de los recursos para salir adelante.

El practicismo y el cortoplacismo, como políticas sociales, están abocados al fracaso ya que asumimos modelos agotables sin generar alternativos. Y cuando no tienes alternativa a un modelo que se agota, sucumbes sin remedio. Y los modelos “milagro” van desapareciendo ya que uno tras otro vamos esquilmándolos, sacando agua del pozo hasta que el pozo se agota.

La solución siempre es buscar la mejor manera que el pozo subsista y que nos proporcione siempre agua. Y sólo se puede conseguir estudiando el pozo y sus variables, de tal modo que podamos sacar cubos sin provocar el agotamiento del filón. La I+D española, tanto pública como privada, son los motores que mueven las aguas de ese pozo.

¿Cuál es el camino en la actualidad de la I+D?

La existencia de manufactura propia tejió un modelo de I+D centrado en las empresas, con el fin de dotarse de productos propios. Pero cuando la producción sobrepasa las fronteras, la I+D local comienza a ser un sobrecoste para esas empresas. Y es necesario focalizar en otro modelo: el centro tecnológico.

Los Centros Tecnológicos: base de la futura I+D

Hoy la I+D tiene un reto sin paliativos: debe de ser el soporte de la inteligencia de una sociedad, debe de anticiparse y ser capaz de transmitir esos resultados al mundo empresarial. Ahora no se trata ya sólo de patentar para proteger nuestra competencia interna, sino de conocer para librar con éxito la batalla del conocimiento externo. Porque sociedades cercanas a nosotros invierten en conseguir ese conocimiento. Y mientras estemos por debajo de ese conocimiento, nuestra sociedad dependerá de la que posea el conocimiento.

La Comunidad Autónoma Vasca es pionera en un nuevo modelo de I+D, con financiación pública y privada. Un modelo que debería ser el camino a seguir en nuestra sociedad. Un modelo por el que debemos apostar sin escatimar un solo recurso.

Porque el éxito de una sociedad, hoy día, no consiste en parecer inteligentes, sino en serlo de verdad.